El gas más caro es el que compran los pobres.

Fuimos con Lulú a saludar a la mamita Virginia que estaba de cumpleaños. Es una viejecita amorosa muy pobre y solitaria que vive en una casita que ya se cae por allá por el lado de Amanecer. Ella siempre nos convida restos de pan remojado con te, a veces con algo de leche aguada. Pero es un rico para nosotros. Ella da lo poco que tiene a los perritos simpáticos como nosotros, por eso la vamos a acompañar de vez en cuando. Le gusta conversarnos, le hacemos compañía, ella se alegra de tener alguien que la escuche, aunque no podamos contestarle más que con un par de ladridos de amor.

Hacía un frío de las remadonas. Esta noche sí que cayó la helada. Nos acercamos a la casita y ella estaba calentando agua. Nos vio llegar y se alegró muchísimo. Le movimos harto la cola para que supiera que estábamos contentos de estar allí con ella. Y más en su cumpleaños ¿Cuántos años cumplirá?

– ¡Lulú y Quiltedy! Amiguitos, hace tiempo que no los veía. Vengan, adentro está algo más calientito. Justo logré comprar un baloncito de gas para la estufa. Ayer fui a cobrar la tremenda pensión que tengo de 36.000 pesos ¿Y les cuento? ¡Qué paradoja! Los pobres, cuando queremos comprar gas licuado, debemos pagar un sobreprecio. Esto es efectivo. Aunque no me lo crean. Los balones de 3 y 5 kilos tienen un costo mayor por kilo de gas que si se adquieren los de 11 ó 15 kilos. Normalmente el kilo de gas vale unos $ 770 ($ 8.440 por 11 kilos), pero el balón de 5 kilos, ¡vale $ 4.500! Es decir, $ 900 el kilo. ¡Esto es absurdo! ¿Cuál es el precio del gas licuado en Chile? ¿Se paga por el gas o por el tipo de envase?

– Tiene razón la mamita Virginia, Lulú. Es posible que exista mucha gente hoy que no tiene más dinero que para comprar balones de 5 kilos, como ella. Se les castiga cobrándoles un valor mayor por el kilo de gas. Los más pobres son los que deben pagar más ¿Por qué?

– Eso habría que preguntárselo a nuestros legisladores, a aquéllos que dicen defender los intereses del pueblo – me dijo mi sabia Lulú -. De los más pobres, que son todavía muchos en este país, a pesar de las promesas estatales y las buenas cifras entregadas por la mandataria y sus ministros.

– Claro. El papel aguanta todo, pero la cesantía no baja, los sueldos no suben, la delincuencia aumenta a ojos vistas, la brecha entre los que tienen y los que no, aumenta, la clase media se empobrece día a día, no se flexibilizan las leyes laborales para dar más trabajo…

– ¿Saben lo que escuché, niños? – comentó mamita Virginia –, dicen que años atrás nuestros parlamentarios habrían aceptado las demandas de las empresas de gas para legislar a favor de ellas, porque pedían una compensación por las pérdidas que generaba el llenado de los balones pequeños, considerados un lujo para campings o diversiones, y que debía hacerse con medios casi artesanales. Y así se hizo. Pero los tiempos cambian, perritos míos, hoy la tecnología permite llenar casi cualquier cosa con computadores y con la precisión de una máquina. Desde envases desechables hasta enormes contenedores. Por lo tanto, ya no hay excusa que justifique la demanda antigua. Sin embargo, la ley sigue vigente y los pobres como yo debemos pagar un sobreprecio por el gas en estos balones pequeños. No me alcanza para tener de los grandes, ustedes me comprenden. Ya no hay pérdidas para las empresas en el llenado de los cilindros, pero siguen profitando de las ganancias que le otorga la ley. Y el chileno más pobre, con menores recursos que sólo le alcanzan para comprar 5 kilos de gas por vez, deberá pagar más caro. Otra inequidad más, y legal, para colmo. ¡Me da una rabia!

– Cuidado mamita, no se emocione, no vaya a darle un patatús.

– ¿Dónde están nuestros parlamentarios, digo yo? ¿Sabrán que esta ley está vigente y que castiga a los más pobres? ¿No habrá alguno que estudie un poco más y tome la decisión de ayudar a los más humildes? Pero bueno, no quiero aburrirlos con mis lamentaciones. Tomen su pancito con leche, esta vez tengo sin agua, ¿no ven que estoy celebrando mi cumpleaños con ustedes dos? Van a ser mis únicos invitados, ya nadie se acuerda de esta pobre vieja.

Estaba sabroso el desayuno de mamita Virginia. Y muy cototudo en reflexiones. Vaya con el temita que nos planteó. Pero tenía razón, habría que darle otra vuelta a esa cuestión de los balones más caros.

¿O habrá otras razones de tipo técnico que ignoramos? Si es así, seré el primero en reconocerlo y retractarme…

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