Los “clandestas” no nacieron en Nueva York.

– ¡Lulú! Tengo una picada nueva para comer ricos huesitos. Te invito. Aprovechemos de celebrar nuestro aniversario. Este año se nos ha pasado volando, ¿verdad, mi amor?

– Es verdad. Vamos. Ya estoy con apetito.

Y nos fuimos por San Martín hacia abajo. Ibamos caminando al trote un tanto distraídos cuando apareció un tipo en bicicleta a todo cuete por la vereda. Venía directamente hacia nosotros.

– ¡Cuidado Lulú, que nos atropellan! – Dije saltando a un lado. Por poco nos pesca de lleno. Era un gallo joven, con casco, qué se habrá creído…

– ¡Flautas! Nos salvamos jabonados. Parece que no ha cambiado mucho la cosa desde que nos pusimos a comentar lo de los ciclistas temerarios allá por Trigales, ¿te acuerdas? Siguen haciendo de las suyas.

– Así es. Y ahora lo han tomado como deporte. Los de Nueva York se han proclamado como “clandestas” y hacen competencias que consisten en lanzarse a todo dar por las calles. Se les da un objetivo y deben llegar hasta él en el menor tiempo posible, aunque tengan que ir en contra del tránsito, saltarse las luces rojas, agarrarse de vehículos en marcha, en fin, cualquier maniobra arriesgada o ilegal con tal de llegar primero.

– Es como una ruleta rusa en dos ruedas. Algo tan peligroso e irracional como las carreras clandestinas de autos. Ya no sé en qué mundo estamos viviendo. Por qué los jóvenes llenos de vida se arriesgan a perderla por tan poco. La adrenalina, dicen, el gusto por el peligro. Una forma de evasión. De alienarse. Quizás tienen razón, después de todo. El mundo va cuesta abajo, se aproxima el fin de los tiempos.

– Ya te pusiste apocalíptica queridita. De dónde sacaste esas patrañas. ¿No te habrás vuelto medio canuta, de esos que andan predicando la llegada del Juicio Final?

– No te burles. Si es en serio. Habrás oído hablar algo del calentamiento global al menos. En el documental de Al Gore, que ganó un Oscar, queda clarito que se están derritiendo los polos y que se vienen tiempos negros si se sigue contaminando como hasta ahora. Y, lo peor de todo, que el país que más contamina y que ni siquiera ha firmado los acuerdos de Kyoto, es el paladín de la libertad y la democracia: USA. Se sienta en la industralización limpia y el control de las emisiones no contaminantes. Los yankies nos van a llevar al final de los tiempos en medio de sus prédicas pacifistas y libertarias mientras invaden países y nos chupan el oxígeno de la atmósfera.

– Lulú, te ganarías un escaño en el parlamento si fueras humana.

– No me insultes, esos pelafustanes sólo son unos aprovechadores de la democracia. Se llevan discutiendo puras pelotudeces en vez de preocuparse realmente de los pobres y de mejorar el nivel de vida de los chilenos. Y con los bolsillos bien llenitos.

– Bueno, sí, pero no todos.

– ¡Mira! Allá van dos ciclstas más en contra del tráfico. Y recién otro se pasó la luz roja acá en Uruguay.

– ¿No te dije? Si los “clandestas” nacieron acá en Temuco, no en Nueva York. Se trató de una exportación no tradicional de nuestra bienamada Araucanía. Ya, vámosnos mejor a buscar esos huesitos, que me dio hambre.

El sol se ponía en uno de esos atardeceres pintados que adornan Temuco con frecuencia poniendo una nota de color al cielo nublado después de la lluvia. Especial para celebrar nuestro aniversario de la manera más romántica.

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