A ensuciar, a ensuciar, que el año se va a acabar…

Nos fuimos temprano con la Lulú a tomar desayuno con Sabihondo, un perrito chascón que vive en el sector UFRO. Tiene pinta de mateo, por eso lo bautizaron así. Y sus mechas para todos lados lo identifican bien con algunos especimenes de dos pies que deambulan por los territorios de la Universidad de la Frontera. Es estudioso además, si me parece que lee de corrido, mucho mejor que muchos de los que se dicen que están matriculados en el campus vecino.

- ¡Hola Sabi, qué me cuentas amigo, ¿estás preparándote para la “licenciatura”?

- Qué tal amigos, no me tomen el pelo. El hecho que lo tenga largo no quiere decir que tengan autorización para palanquearme.

- No te pongas tan seriote – le dijo Lulú, y lo langüeteó con cariño.

Repentinamente nos vimos sorprendidos por una invasión de papeles que “adornaban” la avenida Recabarren como una challa gigantesca que hubiera sido desparramada por algún ogro de fiesta que celebrara el fin de año anticipadamente. Miles de hojas provenientes de cuadernos o de carpetas de trabajos se encontraban esparcidas desde Las Encinas hasta la Universidad y por Recabarren hasta más allá del Unimarc. Un espectáculo nada gratificante que rubrica la impresión tantas veces comentada en esta misma tribuna de que Temuco es una ciudad sucia. Pruebas al canto. No existe, definitivamente, cultura de limpieza y respeto por la propiedad común. Los “universitarios” se encargan de dar los mejores ejemplos en este tema, como estamos viendo hoy.

- ¿Qué es esto, Sabihondo? ¿Se volvieron locos tus estudiantes?

- Es que es una manera de decir adiós al año académico…despidiéndose de los estudios hasta el próximo año.

- Pero de qué manera, ensuciando todo. Si estas calles parecen un botadero de papeles y el viento los está llevando para todos lados. Pronto vamos a tener una papelería urbana.

- Y estas cosas son contagiosas – dijo sabiamente mi Lulú – y no sería raro que los demás estudiantes tomen ejemplo y hagan de las suyas también. Somos campeones para imitar lo malo en este país.

En eso vimos una patrulla de carabineros y un motorista que venían hacia acá. Se detuvieron en el lugar en que los papeles eran más numerosos y comenzaron a recogerlos. Ladramos de puro gusto. Al fin se estaba procediendo a hacer algo inteligente, recoger muestras de la basura desparramada para tratar de identificar a los responsables. Ojalá hayan sido lo suficientemente giles para dejar evidencias en las páginas lanzadas al viento. Es probable, la insensatez no tiene límites y el desparpajo de creer que no habrá sanción alguna hace a estos individuos poco precavidos. Es el estilo de hoy, con tanta norma protectora de los que sobrepasan la ley.

- Mira Sabi, ahí el oficial sacó su libretita verde. Parece que encontraron algo de información valiosa ¡Sonaron tus alumnitos festejadores!

- ¡Cállate Lulú! No me hagas poner más colorado de lo que ya estoy. Me dio vergüenza de verdad ver este chiquero. No sé qué pasa en esta universidad, los valores de los muchachos están cada día más vulgares y primitivos.

- Mira amigo, no culpes a la Universidad. A veces la familia es la que está abandonando a los críos. La cultura es una tarea de todos, empezando por las autoridades…Y mira los ejemplitos que nos dan desde arriba…

- Sí, Quiltedy, pero están pidiendo perdón por las cagatelas, ya es algo.

- ¡Guau! Pero una vez que hubo condena unánime de uno de los poderes del Estado, es decir, ya no era posible seguir sacándole el potito a la jeringa…y las disculpas tardías agravan la falta.

- ¡Más vale tarde que nunca! – dijo Lulú -. Conformémonos con lo que hay…

- Vámonos más mejor, por acá no tenemos nada más que hacer. Los invito a echar un vistazo a la demolición del estadio…

Nos fuimos. Me llevé un papel en el hocico a modo de prueba de la fechoría, no fuera cosa que requirieran más testimonios después. Se lo llevaré a Jopete, ese de la 8ª.

Escribe un comentario