Bajaba por Javiera Carrera desde la Villa Apoquindo con mi amigo Ladrador y nos detuvimos en el kiosko de diarios. A descansar, qué han pensado, si no podemos leer la prensa. Nos informamos a través de otros canales. Pero sí pudimos observar claramente cómo pasan los badulaques del volante acelerando por ambos sentidos de Gabriela Mistral. Sí, ahí enfrente del Hospital Clínico.
Ladrador es un perro simpático, mezcla de labrador y una desconocida. Su padre era labrador fino, de casa linda, que en un desliz, en una escapada, dejó esperando a una coqueta callejera cualquiera. Como salió con buena garganta, quedó con el nombre de Ladrador.
- Compadre – le dije – cada día está más importante el Hospital Clínico, sobre todo ahora después que lo compró la Universidad Mayor. ¿Ve como lo están remodelando? Será un complejo magnífico, con escuela de Medicina y todo.
- De veras Quiltedy, se aprecian las obras. Este barrio está agarrando vuelo. Mira la gran cantidad de casas que han ido construyendo hacia allá atrás. El movimiento de personas y vehículos se ha incremetado mucho y la calle Gabriela Mistral es el único medio de acceso para estos lados.
- Así es, y se ha convertido también en una verdadera pista de carreras entre los dos puentes. Tanto los vecinos como las micros le meten chala justo frente al Hospital. Muy peligrosa e imprudente esta actitud.
- Estos salvajes no tienen nombre, ya no respetan siquiera ni la puerta de un hospital. Pasan como si fueran por la autopista – me comentó el rucio.
- Qué quieres que te diga. Una manifestación más de la incultura local. Y después se quejan porque las autoridades ponen restricciones. Y ya deberían haber colocado en el suelo limitadores de velocidad en este tramo.
- Unos “lomitos de toro” querrás decir, ¿verdad? En México le llaman “topes” y hay por todas partes. En el Caribe los conocen como “policías tumbados”, chúpate esa.
- Eres ilustrado, campeón. Bueno, algo por el estilo. Ahora hay elementos modernos apernados y durables, como los que instalaron en el estacionamiento del mall. Y sirven mucho. Y no son antiestéticos.
- Cierto. Si los colocan frente a las escuelas, no veo por qué no podrían colocarlos frente a un hospital, donde hay riesgos de accidentes con gente enferma, de tercera edad, niños, mucha circulación de taxis y ambulancias, movimiento hacia los estacionamientos, en fin, no esperarán que ocurra algo para proceder tardíamente, como suele suceder. Me acuerdo que me contaste que aquí atropellaron a la novia de Fredito…claro, como era sólo un pobre perrito no pasó más allá que un lamento de un matrimonio bondadoso.
- ¡Mira! Allá va una micro soplada, echando humo que se las pela, y ruidosa, además. Justo lo que se necesita frente a un hospital…
- El chileno es poco considerado. Y de un comportamiento más bien anárquico. Nunca se sabe qué va a hacer. Por eso me pareció bien eso de las vallas metálicas del centro. Sirven para evitar accidentes. Son para dirigir al ganado hacia los pasos correctos. Los brutos no discriminan por sí solos. Al menos ahora saltar las vallas les va a costar más trabajo. Y las viejitas gorditas porfiadas se tendrán que arrimar a la esquina no más.
- Buena, esa me gustó.
- Vamos amigo, sigamos paseando. Y cuidado al atravesar.
Había un poco de fresco ya y nos fuimos al trote hacia la Llaima.