Ha nacido en el Portal…de Belén.

Es el día 24 de diciembre y ando vagando por los alrededores de la Avenida Alemania. Tratoportal2.jpg de buscar un lugar donde pasar esta noche. Todo el mundo anda ajetreado, hay gran movimiento, mucho bullicio, risas, carreras. Este día es el final de un periodo largamente esperado por todos, los regalos que faltan, los preparativos de último minuto, la cultura del consumismo elevada a la máxima potencia…Encuentro unas cajas de cartón abandonadas a un costado del Portal Temuco, por Francia. Ahí me acurruco, trataré de dormir un poco…….

Grrr………..zzzzzzzzz.

 

“Supe que nació esta noche ¡Cristo ya nació esta noche! El Niño-Dios vino a la tierra y nació esta noche en el portal. Tengo que verlo, aquí mismo, al lado mío y yo sin hacer nada para verlo…¡NO! TENGO QUE VERLO. Daré una vuelta por la entrada principal…trato de subir confundido con la gente, pero un guardia me echa gritando “sale de aquí perro pulgoso…”. Qué hacer, todos dicen que ha nacido en el portal y yo aquí mismo sin poderlo ver. Que no panda el cúnico. Reflexiona Quiltedy, piensa…… ¡Ya! Demos la vuelta, a ver si por el otro lado se puede.

Y me voy por España hacia Inglaterra y allí encuentro otra entrada por los estacionamientos que no tiene, en este momento, guardias sapos. Corro y me confundo con un grupo bullicioso que llega a una plataforma inclinada ¡que se mueve!, y allí quietito me dejo llevar. Al final, casi me tropiezo, porque el piso se me detuvo. Corro y me logro escabullir con dos señoras parlanchinas que entraban, antes que se cerrara la puerta.

¡Uf! Ya estoy adentro. Qué susto. Cuánta congestión, un gentío que no te imaginas, altavoces, música, risas, colorido, árboles gigantes llenos de regalos, luces, cintas, para marearse. No parece un lugar muy apropiado para nacer…digo yo,…pero Dios sabe lo que hace. Ahora hay que buscar al Niño. Antes que me pillen y me echen. Corro por un pasillo lleno de tiendas, venden de un cuanto hay y todo el mundo compra afiebradamente. Paso por un local donde tres niños compran helados en unos cucuruchos enormes. Doy la vuelta y me encuentro entre las piernas de dos promotoras en minifalda que gritan asustadas, (mala onda, pueden despertar la atención hacia mi presencia), y casi al final LO VEO. Está en un pesebre, hermoso, rodeado de figuras y otros animales. Pero justo cuando llego frente de El, un guardia me divisa desde el otro lado y toca un pito. Ni lerdo ni perezoso salto y me confundo con las demás figuras, y me quedo echadito al lado de Jesús. Ya no me importa nada, soy feliz, lo estoy acompañando.

La gente alrededor se ha dado cuenta de lo sucedido y empieza a juntarse en frente del nacimiento. Algunos sacan fotos con flash que me encandilan. El guardia ha ido a buscar a otro para atraparme, seguro. Pero no me inmuto, ni pestañeo. Estoy en otra. Llegan los guardias.

 

- A ver, a ver, hagan espacio por favor, vamos a sacar al perro…

- Señora, déjeme pasar, ¿no ve que necesitamos entrar al pesebre?

- Pero si no hace nada….es lindo.

- No, no, a un lado por favor.

Y se disponían a subir para tomarme. En eso, un señor mayor, de barba blanca, mejillas sonrosadas y algo gordito interviene, y sujetando al guardia popr un brazo, le dice:

- Déjenlo ahí. Este perrito, con su actitud e inocente devoción, nos está entregando un ejemplo maravilloso digno de ser imitado y demostrando que el verdadero espíritu de la Navidad es acercarse a Jesús. El es el auténtico motivo de la pa290002.JPGNavidad, y no el afán competitivo de las compras, las fiestas y los gastos muchas veces innecesarios, apartando la vista de los más pobres, de la caridad y el recogimiento sincero hacia los valores predicados por El. Su nacimiento pasa a ser un evento casi bebe-dios.jpgaccidental, un decorado más, como aquí vemos, casi perdido entre tanta aturdidora parafernalia. Guardemos respeto ante este espontáneo gesto de humildad y amor, quizás un signo enviado desde la misteriosa dimensión de la divinidad…

Los presentes se quedaron en silencio, yo miraba orgulloso. Una señorita se acercó con un plato de cartón con galletas navideñas que dejó a mi lado. Qué bueno, las dejaré para mi cena de hoy. Un niño pecoso me arrimó un baldecito con agua ¿Qué más podría pedir?

Y me quedé esa noche a dormir con Jesús. Fue la noche más maravillosa de mi vida…de perros”.

Desperté. Con la sensación de haber vivido un hermoso sueño. Sentí una gran paz dentro de mí. Me dormí otra vez entre mis cajas de cartón imaginando que estaba durmiendo con El en el Portal de Belén.

¡Que esta Nochebuena bendiga todos vuestros hogares, son los sinceros deseos de Quiltedy, Lulú y el resto de mis amigos!

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