El rescate de Fredito.

Me ha quedado dando vueltas el asunto de las mascotas abandonadas a la calle después que los amos se van de la ciudad. Es una actitud cruel y cobarde. Ellos no están acostumbrados, como yo y mis amigos, a arreglarnos solitos y sortear los peligros que se viven día a día en el frío cemento. Sufren por hambre y sed, se extravían, los atropellan. Pocos, como Pocafeca, logran salir adelante, pero con terribles traumas. Les quiero relatar un caso, ocurido en el invierno pasado y que me tocó vivir de cerca, con uno de estos perros y que tuvo un final feliz, pues llegó a encontrar otro hogar seguro.

Fredito y Pelusa eran hermanos, dos hermosos ejemplares de Cocker blancos con miel. Distinguidos, juguetones. Fueron abandonados cerca del Hospital Clínico, bueno, al menos allí me los encontré. Corrían entre los autos estacionados, bajaban a la calle despreocupadamente, eran asustados por los vehículos que pasaban a gran velocidad. ¡Ah! Ese es otro tema aparte, en este lugar los dequiciados del volante pasan a velocidades irresponsables sin considerar que se encuentran frente a un establecimiento de salud, desde y hacia donde circula gran cantidad de gente, muchos de ellos enfermos y de tercera edad. Debiera haber un limitador de velocidad en esa cuadra, creo yo…

Me uní a ellos para jugar, lo pasamos bien un par de días, bebíamos del canal y comíamos algunos huesos que yo rastrojeaba por ahí. Ellos no eran capaces de discriminar qué podían comer o no, en su hambre llegaban a masticar papeles. Todo anduvo bien hasta que Pelusa fue atropellada por un microbús que la golpeó en la cabeza. Murió en el acto. Quedó tirada allí mismo junto a la cuneta. ¡Esos badulaques de los micreros hasta aceleran frente al hospital! Quedamos espantados. Fredito no lo podía creer, se acercó a Pelusa y lloró…fue un quejido lastimero estremecedor. Nos fuimos a esconder a la sombra de una camioneta estacionada junto al canal. Tristes, muy tristes.

Un poco más tarde un médico salió del Hospital y se acercó a su camioneta. Miró la penosa escena y movió la cabeza. Se acercó hacia nosotros para hablarnos con delicadeza y llamarnos la atención de no bajar a la calle. Yo ya lo sé, pero mi amigo no estaba acostumbrado. La mirada de Fredito lo desarmó, era tan triste, demostraba una pena sincera y evidente. Bueno, los Cocker son muy expresivos y aquí se estaba notando demasiado. El médico estaba también afectado por lo que estaba presenciando. Se fue pensativo, me dí cuenta.

Partí a buscar algo que almorzar y dejé a Fredito durmiendo siesta debajo de un auto. Regresé como a la hora y me quedé desde lejos vigilando que mi amigo no fuera a hacer alguna embarrada.

Los vehículos se fueron marchando poco a poco a medida que caía la tarde. Al final quedó sólo uno debajo del cual dormía mi pobre amiguito. Yo también me dormí en mi escondite. Un ruido me despertó, ya era de noche. El mismo médico había regresado en su camioneta, acompañado esta vez por su esposa. Se detuvieron al lado de Fredito, lo llamaron, traían alimento para perros y le ofrecieron. El pobre animal hambriento lo aceptó y mientras comía, trataron los dos de subirlo a la camioneta. Fredito era pesado y no pudieron a la primera, mi amigo se asustó y se fue a esconder debajo de un auto estacionado dentro del Hospital. El doctor le pidió a su señora que se quedara vigilando y salió raudamente en la camioneta. Después de unos 20 minutos regresó…esta vez ¡acompañado de Jorge, el asistente del Dr. Félix de Veterinaria Kennel! Con pericia el muchacho atrapó a Fredito y se fue con él dentro de la camioneta.

Corrí como un poseso detrás de ellos hasta llegar a la veterinaria en Andes con San Martín. Me acerqué a una ventana, me encaramé sobre unas cajas y ví que el Dr. Félix estaba examinando a Fredito bajo la atenta mirada del doctor y su esposa.

Después supe por el Huachito, que lo sabe todo, que Fredito recibió una buena bañada, lo necesitaba, un corte de pelo “a la moda”, alimentación nutritiva y desparasitación. Se ofreció por amistades y la radio Bío Bío para buscar una nueva familia que sí lo quisiera. Y fue adoptado por una dama que lo tiene “a lo príncpe”. Bueno, merecido, Fredito es un perro fino, muy hermoso, educado, para lucirse con él y gozar de su compañía. De no haber sido por la generosidad de esa pareja que lo salvó de la calle, habría muerto igual que su hermanita o de inanición o intoxicado.

¡ Ojalá hubiera muchas personas tan generosas y amantes de los animales como la pareja que rescató a Fredito! Y cada vez menos insensibles que los abandonan…

Una respuesta para “El rescate de Fredito.”

  1. sitdx Dice:

    Good site!!!

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