¡Qué lindo es el circo! No me pierdo función cuando hay uno importsante en la ciudad. Claro que ya no son como antes, con esa fantasía desbordante que ilusionaba a grandes y chicos. Ahoar hay más bien una imagen pobre del circo, se ha transformado en un espectáculo para entretener a segmentos más populares de la población. Sufro al ver a cuadrúpedos como yo encerrados en jaulas malolientes y reducidas. Recuerdo un león lloroso que estaba echado y me miraba coin ojos bajos al ver cómo yo correteaba libremente alrededor de las jaulas. ¡Era la imagen misma de la tristeza! ¿De qué le servía ser la estrella del circo? Para él sólo sería un cautiverio interminable…¡Pobre bicho!
Nunca olvidaré aquella oportunidad en que fui el mejor número en la pista. ¡Sí, amigos! ¡Este quiltrito se las mandó en la función de gala del Circo de Los Tachuela! Ese día, después de visitar al león tristón, me colé debajo de la carpa en un lugar donde nadie me cachó. Y resulta que en la pista había un domador con una pareja de perritos,los hacía saltar y hacer equilibrios en dos patas, traseras y delanteras. Con un pito los mandaba. La gente aplaudía sin muchas ganas. En eso me fijo que la perrita, que era crespita (y tenía unos ojazos soñadores… ), me mira y me descubre debajo de las graderías ¡Fue un flechazo instantáneo! No pude resistir, me abalancé sobre la pista saltando sobre la primera fila de sillas y caí rendido a sus patas. Me dí dos volteretas en el suelo para hacerle una gracia, por supuesto, para que supiera que yo también podía ser un partido interesante. En eso el tipo del pito se volvió loco y comenzó a tratar de espantarme con una vara que tenía mientras piteaba de lo lindo…para mí que había tragado el pito. Se armó una escandalera…y la gente bramaba de la risa. Llegaron dos Tachuela a la carrera, apenas, porque los zapatotes que tenían les impedían maniobrar, mientras yo corría de un lado para otro entre todos y los perritos actores se habían sentado en un tonel mirando la escena. Pasé entre las piernas de uno de los payasos y se cayó, tratándose de afirmar se agarró del getón del pito y se fueron de espalda el loro. La gente zapateaba y las risas eran estruendosas. El otro Tachuela logró agarrarme en un momento que me distraje por enviarle un guau a la perrita crespa. Y me llevaron para adentro. El del pito trató de seguir su show mientras daban una especie de disculpas por los parlantes, pero no se escuchaba nada, porque la silbatina era fenomenal.
¡El quiltro!…¡El quiltro!…gritaba el respetable, ¡y era a mí a quien llamaban!…no lo podía creer. Y yo estaba en brazos del Tachuela grande que me tenía entretenido comiendo una galleta, atrás de la pista. ¡Tuvo que salir conmigo otra vez y el estruendo casi echa abajo la carpa! Al final, me tuvo que dejar en la pista no más, y yo me senté al lado de la crespita. Incluso el del pito me tiró una pelota, para pillarme y humillarme, pewro yo la agarré al vuelo y la dejé a los piues de mi idola. El público no cesaba de aplaudir. Cuando terminó el número, el amaestrador me tomó y saludó conmigo en brazos mientras sus dos perritos saludaban sentados. No creo que ese hombre haya recibido nunca tantos aplausos…pero yo sé que eran para mí. ¡Modestamente! (Como dijo Vittorio Gassmann en “Il Sorpasso”). Pero los Tachuela me premiaron con un gran hueso.
No me quedé en el circo, no habría soportado el tener qiue convivir con el león tristón.
Pero ahora tenemos circo en las calles de Temuco. Hay payasos, malabaristas y acróbatas de todos tipos y tallas. Me hice amigo de uno muy simpático que está en Francia con SAlemania. ¡Es bueno! Tiene un gorro verde, una nariz roja y una corbatita ridícula que le hace ver cómico. Y tira las guarifaifas esas que usan de una manera soberbia. Me quedo impávido mirando a ver si se le cae una…y nada. Preciso el perico. Se llama Joel, ayúdenlo, es un buen muchacho de Villarrica y se gana unos pesos haciendo una actividad sana que no molesta a nadie. Na’a que ver con esos otros picantosos que se paran a hacer vueltas de carnero sin gracia y que lo único que desean es pedir limosna y rayar autos a la pasada…¡Yo los he visto, especialmente en Hoschtetter con Av. Alemania y los pongo sobre aviso…! Tengan cuidado, malandras…este quiltrito vigila…
Marzo 3, 2009 a las 1:10 pm |
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